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terça-feira, novembro 8

lenzo

novamente nada que contar na brancura da pel.

máis o pincel móllase automático nos pigmentos
ledo mistura as cores
e plasma un ábano de formas
na nosa mente.

quén foi que dis que fixo?

controvertidas verbas
inocentes os xestos
pero os frascos rachados por toda eu,
e aínda así o pincel pinta.

eva méndez doroxo

segunda-feira, junho 7

platos del mediterraneo

rozo el abismo con mis dedos mientras me precipito al vacio.
formo parte de la incomprensión e indiferencia con la que has soñado.
nadie alberga tanto miedo ni tanto dolor,
el desconcierto te hace bello,
pero la precariedad de tus actos te combierte en el monstruo
que aterrado me empuja una y mil veces por el acantilado de la indiferencia.
suprimiendome, una vez más, de este largo viaje, denominado vida.

eva méndez doroxo

sábado, novembro 15

Químico Valiente

Los dedos se deslizaron por las tersas cuerdas de la guitarra arrancándoles el sonido del recuerdo.
La vibración sobre su piel le inundaba el cuerpo de olores, sabores, sensaciones antaño vividas que deseaban salir y desordenar la habitación de nuevo.
La voz dulce desgarraba el aire oblígandole a separar sus dedos de aquel cuerpo lacado de mujer que lo estremecía y le hacia vivir.
Los días trancurrían ausentes hasta el instante en que sus cuerpos se unian y eran un sólo y monotono motor lejos de la urbe, el cemento, los hierros...Sólo el sonido del mar, el repicar de los cocos chocando entre ellos y el susurro de las hojas de los árboles eran aceptados en la banda para evocar todo el almízcle y anis de una vida sin sentido lejos del único tambor que bombeaba felicidad e esa postal paradisiaca: Ella.

eva méndez doroxo

dedicado con cariño, gracias por el texto.

segunda-feira, janeiro 7

cartas dende o mar

Conrad non entendía porqué Sue Helen esquivaba continuamente o seu ollar.

No bar, cos amigos, sempre pensaba que tiña unha relación máis ou menos como o resto. Unha moza simpática e xeitosa, bastante independente pero namorada, a que lle gustaba acurrucarse pola noite contra o seu corpo.
Os outros non falaban gran cousa das súas relacións, polo tanto el tampouco. Aprendera que mellor seguir a corrente e facer o que fan os demáis.

Pero dende había dous meses Sue Helen estaba extraña, xa non lle falaba dos problemas no choio, polas noites escurríase cara unha veira da cama só quentando os pes no corpo de Conrad. El non era psicólogo pero entendía que algo estaba a suceder, algo que non pintaba demasiado ben.

Apurando o grolo de birra xuntou valor para chamala dende o bar. Era venres, os venres ela saía coas amigas, era un día de desconexión, tiñan o acordo de non chamarse a non ser que algo grave pasase.

- Conrad?
- Boas... xa sei que non ...
- Pasou algo?
- Teño que falarche, non aguanto máis esta situación.
- Pero... qué che pasa, tas bébedo? falamos na casa.

Esa noite non apareceu pola casa. Era tarde e sentou mirar o mar zoar contra as rochas. Cando se quixo dar conta era día. Perdera a noción do tempo. Os seus ollos fixos no mar abstraerano da realidade, repasando os derradeiros 5 anos con ela, cómo se coñeceran, cómo el se aproximara a ela e a conquistara, as primeiras citas, a mudanza a un piso máis grande para poder vivir xuntos, as noites tranquilas xuntos, as risas...todo quedaba tan lonxe, tan lonxe...

terça-feira, setembro 11

Mermach site

Cruzó la calle. Una especie de alarma interna le hizo acelerar el paso. La ciudad estaba en calma, pero él sentía agitación a su alrededor.


No dejes que la paranoia se apodere de ti. Se decía incesantemente.

Verde, ámbar, rojo: el muñequito en verde, por fin poder cruzar. Otra esquina más y estaría a salvo. A lo lejos un coche negro se acercaba, perezoso. El reflejo del sol en la luna delantera le quitó la visión un breve instante, lo suficiente para que las voces se acercasen a él. Mantuvo los ojos cerrados y empezó a correr. Oía las voces cada vez más próximas, susurros que humedecían sus orejas con un aliento cálido. Transpiraba, pero seguía apretando los párpados con fuerza.

No los mires y estarás a salvo.

En su nerviosa huida había calculado la llegada al portal y la situación exacta del mismo. Hurgó en su bolsillo hasta dar con las llaves, una visión casi mística de la liberación. Apuró la entrada en la cerradura, el encaje, el sonido de los engranajes que desplazaban los pesos para dejarle entrar en su santuario, allí donde nada malo le podía suceder.

Mantenía los ojos cerrados mientras las voces se oían esta vez nerviosas, histéricas, gritos. Un sol de colores penetraba en sus córneas a través de la piel. Algo nuevo sucedía. Sintió los dedos de las voces que apretaban su carne, notó un pinchazo, una descarga eléctrica.

- Lo perdemos!! Un, dos, tres…

Y más lejos, como un murmullo que llegaba débil:

- Apareció de repente en medio de la carretera, no tuve tiempo a nada, Dios!!

sexta-feira, março 9

Historias del Tren

El lápiz empezó a dibujar líneas uniendo formas que a mis ojos les parecían mágicas.

Aquel viaje con mi padre, a los ocho años, había sido mi único viaje en tren. Él había muerto mientras dibujaba para mí en el trayecto que nos iba a reunir con mi madre.

Recuerdo que el compartimiento era grande, tapizado en verde y con olor a limpio. Me impresionó la gran ventana que ocupaba toda la pared en frente de la puerta. A través de ella los colores se movían rápido, haciéndome ver pueblos borrosos y personas inmóviles que nos seguían. A mi padre le entusiasmo ver mi mirada inquieta observándolo todo como si se tratase de un sueño. Sacó su bloc de dibujo y empezó a mover frenéticamente la mano con trazos cortos capturando todo lo que yo veía.

El revisor nos interrumpió; papá le alcanzó los billetes y me sonrió. Después volvió a su bloc y yo a mi ventana. El viaje duraría sólo 5 horas, pero mis ocho años las vivieron como toda una vida.

Su mano dejó de moverse y su cara me miró rígida, como cuando se enfadaba porque no me acababa la sopa. Pensé que algo no iba bien. Pero no sabía que hacer. Nos quedamos así, mirándonos, inmóviles el uno frente al otro. La gente entraba y salía de los camerinos contiguos. Veía moverse las manchas que los anunciaban tras el cristal opaco de la puerta. En las paradas subían y bajaban personas. Los andenes estaban llenos de agitación. Pero nadie abrió nuestra puerta. Al llegar a nuestra parada el revisor vino a avisarnos, papá le había pedido que nos avisase por si se dormía.

- Su parada señor.

- Creo que mi papá no se encuentra muy bien.

Hoy la ventana no me parece tan grande, el tapizado es azul, pero sigue oliendo a limpio.

Eva Méndez doRoxo

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